2009/11/26

www.tasio25.com



El carbonero Tasio cumple 25 años
Un libro sobre la película de Montxo Armendáriz se suma a los actos del aniversario del filme
EL PAÍS. ROCÍO GARCÍA - Madrid - 26/11/2009


Fue hace 25 años cuando un carbonero navarro, de nombre Tasio, cambió el rumbo de la vida de Montxo Armendáriz. Dejó atrás el mundo de la electrónica y los arreglos a televisores para entrar de lleno en el cine. Hoy, este cineasta, nacido en Ollea (Navarra) en 1949 no tiene nada más que gratos recuerdos de aquel héroe solitario que trabajaba en una humeante montaña negra. Tasio fue la ópera prima de Armendáriz que desde entonces ha dirigido ocho películas y ya trabaja en el guión de la siguiente, No tengas miedo, sobre los abusos sexuales y las secuelas que dejan en hombre y mujeres.

El director navarro presentó ayer en la Academia de Cine de Madrid un hermoso libro, Tasio 25, editado por la Fundación del Instituto Navarro de las Artes Audiovisuales y la Cinematografía, que conmemora los 25 años de esta película que produjo Elías Querejeta y que marcó un estilo de hacer un cine muy cercano al documental.

"Hay personas, acontecimientos o personas que modifican el rumbo de nuestras vidas. En mi caso, fue Tasio", asegura Armendáriz. El cineasta recuerda que conoció al auténtico Anastasio Ochoa, más conocido como Tasio, en los años ochenta durante el rodaje del documental Carboneros de Navarra. Vivía en un pequeño pueblo de la comarca de Zúñiga pero su verdadero hogar era el monte. Fue al conocer la historia de este carbonero que nunca fue a la escuela cuando el realizador se empeñó en llevarla al cine. "Una historia", dice Armendáriz, "de amistad, de amor, muerte y soledad y también de la tenacidad y la voluntad de un hombre que nunca se doblegaba".

El filme, protagonizado por Patxi Bisquert, se estrenó el 19 de septiembre de 1984 en el Festival de Cine de San Sebastián, en el que ganó el segundo premio de la sección oficial y el Fipresci de la crítica.

El libro Tasio 25, de más de 700 páginas y gran formato, incluye no solo el guión original, con escenas originales nunca filmadas y otras que se eliminaron posteriormente en el montaje, sino también un DVD remasterizado de la película, además de otros materiales, como el DVD de Carboneros de Navarra y una pieza sobre la filmografía de Montxo Armendáriz, dirigida por Arantxa Aguirre, el storyboard dibujado por Gerardo Vera, y las fotografías del rodaje realizadas por José Luis López Linares.

"Fue un rodaje largo y complicado pero placentero. Cualquiera que haya trabajado en cine sabe hasta qué punto el ambiente de un rodaje aparece de algún modo en las imágenes y la narración de la película", recuerda Elías Querejeta en el libro. López Linares, foto-fija en el rodaje, cuenta que intentó pasar desapercibido para intentar captar los momentos verdaderos y que de allí transformado con un sobrenombre nuevo por el que se le conoce desde entonces. Fue Nacho Martínez, un actor ya fallecido, quien, al ver a López Linares usar alguna técnica oriental para no ser visto antes de apretar el disparador le llamó López-Li, el fotógrafo chino.

Con motivo de este aniversario, la Academia de Cine dedica estos días su ciclo Joyas del cine español a la cinematografía de Montxo Armendáriz, con la proyección de varias de sus películas, documentales y cortometrajes. También en la sede de la Academia (Zurbano, 3) se puede ver hasta el próximo 18 de diciembre la exposición Tasio. 25 años, que revela las claves de esta película y ofrece un homenaje a quienes participaron en su creación.
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2009/11/25

"a pesar de ser militares, son gente que tiene un corazón de oro, se han volcado totalmente con nosotros y han estado al pie del cañón con nosotros"

Gaizka Iturbe, engrasador del Alakrana
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2009/11/22

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"Visitar al Banquero". Joaquín Estefanía. El País.

China tiene más de dos billones de dólares en reservas, de los cuales una buena parte está invertida en bonos del Tesoro de Estados Unidos. Así pues, cuando Obama visita Pekín es como si estuviese acudiendo a su banquero. China es una contradicción en sí misma: está a punto de ser la segunda economía del mundo por su tamaño y al mismo tiempo es todavía un país en vías de desarrollo. ¿El motivo?: su inmensa población de 1.300 millones de personas.

Hay acuerdo entre los analistas en que se está configurando una nueva formación G, el G-2, formada por EE UU y China, lo que indica con más rotundidad que nunca que el eje geoestratégico dominante del mundo se desplaza hacia Asia. También hay unanimidad en que después del viaje de Obama a Pekín no se han arreglado los principales problemas económicos pendientes. Pocos días antes de la llegada del presidente de EE UU, el Banco Popular de China (entidad central) daba un mensaje señalando que el yuan estaba devaluado respecto al dólar, pero su revaluación no se ha producido a pesar de las presiones, y probablemente su valor tampoco va a ser movido en el corto plazo. Estados Unidos pretende disminuir su abultado déficit con China impulsando las exportaciones, lo que le permitiría paliar su problema prioritario: el paro, superior ya al 10% de la población activa (sin contar con los subocupados y los desanimados, que podrían elevar ese porcentaje al 17%); para ello, China debería revaluar su moneda, consumir más (lo que mejoraría las condiciones de vida de sus ciudadanos) y vender menos a EE UU.

Teniendo en cuenta la posición acreedora de China en renta fija americana, hay que contemplar la idea de que el dólar debe dejar de ser la moneda de reserva mundial y ser sustituida por una cesta de monedas. Así lo expuso China en los días anteriores a la reunión del G-20 en Londres, el pasado mes de abril, y por un momento se temió que esta iniciativa iba a concentrar las discusiones de los convocados en vez de estudiar las soluciones a la Gran Recesión global. Tres meses después, en Rusia, la cumbre de los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China) volvió a la carga. El argumento es el siguiente: Estados Unidos tiene el 5% de la población mundial y el 20% de su PIB, y sin embargo imprime billetes que representan entre el 65% y el 70% de las reservas mundiales de divisas. Lo que le da una posición privilegiada a la hora de competir.

El viaje de Bush no ha sido sólo a China, sino a la asamblea de la APEC (Cooperación Económica Asia-Pacífico), en Singapur. Los países de la APEC tienen el 50% del PIB mundial y una expectativa de crecimiento económico medio a corto plazo del 8%. Incluso Japón, tan afectado por sus sucesivas crisis y una deflación estructural, está creciendo ahora a una tasa anualizada cercana al 5%. Obama pretende que esa zona sea el motor principal de su economía y que importe los productos y servicios made in USA.

Mientras tanto, ¿dónde está Europa?
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2009/11/19

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Tobin or not Tobin

Roberto Bissio. Red del Tercer Mundo


Cuando ya se lo daba por “políticamente muerto” en vista de las encuestas que señalan a los conservadores como favoritos en las próximas elecciones, el primer ministro británico, Gordon Brown, sorprendió a su país y al mundo el sábado 8 de noviembre al declarar que es necesario un nuevo “contrato social” con el sector financiero y que “no es aceptable que los beneficios del éxito los cosechen unos pocos y los costos del fracaso los paguemos todos”.

La forma de solucionar esta situación sería mediante la introducción global de un impuesto a las transacciones financieras internacionales, al que los periodistas rebautizaron “tasa Tobin” en referencia al economista James Tobin, quien había sugerido una idea parecida al presidente estadounidense John Kennedy en los años sesenta. El anuncio fue hecho por Brown, que es laborista y escocés, en la apertura de la reunión ministerial del G-20 en la ciudad escocesa de Saint Andrews y se dice que este viraje en la posición británica contraria tradicionalmente a impuestos y regulaciones sobre el sector financiero tomó por sorpresa a todos los presentes, incluso a su propio ministro de Hacienda, Alistair Darling.

El G-20, que agrupa a los países más poblados y más poderosos económicamente del mundo, había resuelto en su reunión cumbre de Pittsburgh, en setiembre, encomendar al Fondo Monetario Internacional (FMI) la preparación de un informe “sobre la gama de opciones que los países han adoptado o están considerando sobre cómo puede el sector financiero hacer una contribución justa y sustancial a pagar los costos asociados a las intervenciones gubernamentales dirigidas a reparar el sistema bancario”.

Los países ricos han pagado cientos de miles de millones de dólares para rescatar sus bancos en quiebra y sumas aun mayores han sido dedicadas a tratar de evitar que la economía real cayera con el sector financiero. Una contribución “justa y sustancial”, por lo tanto, no es poca plata y muchos de los mandatarios de países miembros del G-20, incluyendo la cancillera alemana Angela Merkel y el presidente francés Nicolás Sarkozy, se pronunciaron a favor de la tasa Tobin.

Esta tasa es descrita todavía hoy por Wikipedia, la enciclopedia de Internet, como “una bandera de los movimientos altermundialistas”. Desde hace varios años, en efecto, la campaña por la tasa Tobin ha estado encabezada por grupos radicales como ATTAC y los intelectuales nucleados alrededor de Le Monde Diplomatique. Que los dirigentes del centro y la derecha la hayan adoptado refleja, por un lado, la creciente impopularidad de los banqueros, que han vuelto a cobrar sueldos multimillonarios cuando por su culpa el desempleo llega a cifras record en Estados Unidos y gran parte de Europa occidental. Por otra parte, los ministros de Finanzas saben muy bien que tarde o temprano el costo de los planes de estímulo y rescate debe ser pagado y un impuesto sobre las actividades de los bancos es mucho menos impopular que cualquier otro.

En realidad, la idea original de Tobin no era la de recaudar dinero, sino de “agregar arena al engranaje financiero” con una tasa de uno por ciento sobre las transacciones que desestimularía la especulación, haciendo tan caro cambiar monedas que tal operación sólo se justificaría con fines comerciales vinculados a la economía real. El impuesto que ahora se propone y que podría afectar las transacciones monetarias o todos los servicios financieros sería veinte veces menor, con una tasa de apenas 0,05 por ciento o menos y su intención no es frenar ninguna actividad sino generar ingresos para el fisco. Una proporción importante de estos ingresos -tal vez la mitad- se destinaría al “bien común global”, como puede ser la lucha contra la pobreza o la mitigación del cambio climático.

Este tipo de impuestos ya existe con variantes en muchos países, desde el impuesto a los cheques en Brasil hasta el “timbre” que en el Reino Unido grava la compraventa de acciones. Se calcula que la tasa de cinco puntos aplicada a nivel global podría generar 700.000 millones de dólares al año, siete veces más que el total de la ayuda de los países ricos a los subdesarrollados.

A pesar de la súbita conversión de Gordon Brown, la idea aún enfrenta muchos escollos. El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Timothy Geithner, rechazó la propuesta de inmediato alegando que “un impuesto cotidiano a las transacciones financieras es algo que no estamos dispuestos a aceptar”. Y, de inmediato, el director gerente del FMI, Dominique Strauss-Kahn, salió a la prensa a “explicar” que “la tasa Tobin es una vieja idea que hoy es impracticable”. Adelantándose al estudio que la institución que dirige debe entregar en abril, Strauss-Kahn dijo que los bancos deben tener regulación más estricta y una contribución “no cotidiana” (o sea por una única vez) que permita financiar futuros rescates bancarios. Cuanto más estricta la regulación menor el riesgo de nuevas quiebras y, por lo tanto, menos necesario sería el impuesto.

Como buen político que es, Strauss-Kahn le dio la razón a Gordon Brown en que “no podemos continuar con un sistema en el cual algunos individuos corren riesgos que finalmente los contribuyentes como usted y yo tenemos que pagar”. Pero agregó que “la industria financiera ha hecho tales innovaciones que es probablemente imposible encontrar un impuesto a las transacciones que los potenciales contribuyentes no puedan eludir. Así que la contribución de los bancos no será basada en las transacciones sino en otra cosa”.

No es ésta la opinión de su antecesor en el cargo, el actual presidente alemán Horst Koehler, que adhirió públicamente a la “tasa Tobin” aun antes de que lo hiciera la cancillera, ni la del propio sector financiero, que ya está preparándose para lo que parece inevitable. En efecto, el diario The Guardian de Londres entrevistó el lunes 9 a operadores de la City londinense que aseguran que un impuesto a las transacciones financieras sería “muy fácil de aplicar”.

De hecho, hace ya dos años que INTL Global Currency, un agente de cambios, experimentó con éxito durante dos semanas el software necesario para aplicar esta tasa a sus operaciones y hace dos meses Ethical Currency (moneda ética) se convirió en el primer agente de cambios de la City londinense en aplicar voluntariamente este impuesto.

Sin embargo Howard Wheeldon, un analista de BGC Partners, sostiene que para que sea viable el impuesto tiene que ser global: “Si no lo hacen todos, cobrando la misma tasa en todas partes, las economías individuales como la británica verían desaparecer sus mercados si quisieran aplicar este tipo de impuestos por sí solas”.

La coordinación de políticas es, precisamente, la razón por la cual Gordon Brown impulsó la creación del G-20. La incógnita es si el líder del laborismo inglés logrará pasar al presidente de Estados Unidos esta bandera que toma de los conservadores europeos, que la recogieron de la ultraizquierda, que la adaptó de un asesor de quien fuera el presidente norteamericano más popular… antes de Barack Obama.
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